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b'Aquel que fuera ni\xf1o mimado de Manuel Alc\xe1ntara, aquel viajero junto a Di St\xe9fano a Mosc\xfa cuando entrenaba al Madrid (Di St\xe9fano, no Valent\xedn) o com\xeda en bares vallecanos lentejas viudas con el obispo Alberto, el Iniesta obrero Dios lo abrace, aquel juornaliste que se bebi\xf3 la vida sin perderse en las llagas de la sed, a\xfan no se consiente el reposo. Y porque sabe de lo corrupto del aire no renovado, aventa ahora estas cr\xf3nicas de la trajiner\xeda madrile\xf1a trufadas de recuerdos, estas que tienes, lector, en las manos. Ni siquiera No\xe9 en su arca florida reuni\xf3 a tantos animales de tel\xf3n y escena. Ni siquiera el b\xedblico galp\xf3n fue tan divertido y vario como estos repertorios de novicia y yogurt, tan aparentemente deslavazados, tan certeramente tramados. Tan sugerentes, tan imposibles de abandonar. Los episodios que Valent\xedn Mart\xedn trae en su bandeja de folios tienen la forma y los colores de un arco iris retorcido por el sobresalto. Y son, a m\xe1s de una baraja de ilusionista en donde siempre aparece la carta diana, un fusil que dispara inteligencia y misericordia. Hay en ellos tanta ternura a tientas como agudezas provocadoras. \xbfEs posible reunir me pregunto a Usain Bolt, Her\xe1clito, Jorge Sempr\xfam en Buchenwald con las se\xf1oritas a domicilio visitadoras de Avon? \xbfTodos en un mismo texto y lograr que la columna funcione como una cari\xe1tide adolescente? S\xed, me contesto rotundo, s\xed, si su Fidias es Valent\xedn Mart\xedn. Porque as\xed es la vida, lo mestizo y caudal. (Francisco Caro, fragmento del pr\xf3logo)'