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b'Cuando reparo en lo que hemos le\xeddo en el texto de la Ep\xedstola, que el hombre animal no puede entender las cosas que son del Esp\xedritu de Dios, y considero despu\xe9s que entre la muchedumbre presente de vuestra Caridad, tiene que haber muchos carnales, que se gu\xedan por los principios de la carne y no pueden a\xfan alzarse al conocimiento del esp\xedritu, dudo mucho c\xf3mo podr\xe9 hablar con la ayuda del Se\xf1or o explicar, en mi medida, lo que acabamos de leer del Evangelio: En el principio exist\xeda el Verbo, el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Esto, en verdad, no lo puede entender el hombre animal. Callaremos, pues, hermanos. Mas entonces, si callamos, \xbfpara qu\xe9 se ha le\xeddo? \xbfPara qu\xe9 la o\xedmos, si no se explica? \xbfY para qu\xe9 se expone, si ni se puede entender? Mirando, por otra parte, que entre vosotros tiene que haber algunos capaces de entenderlo, aun antes de que se explique, no quiero perjudicar a \xe9stos por el temor de cansar a los que no me pueden entender. Siempre debemos esperar en la misericordia del Se\xf1or, que nos asistir\xe1 para que cada uno entienda lo que pueda. Aun el mismo que explica dir\xe1 solamente lo que puede. Hablar conforme a la realidad no es posible. Me atrevo a decir, hermanos m\xedos, que ni el mismo Juan dijo como es, sino como \xe9l pudo. Es siempre un hombre el que habla de Dios. Ciertamente inspirado por Dios, pero un hombre. Porque estuvo inspirado dijo algo; sin la inspiraci\xf3n no hubiera dicho nada. Porque el inspirado fue un hombre, no dijo todo lo que hay, sino lo que puede decir el hombre.'