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b'\xabTeodora sobrevivi\xf3 a todas sus hermanas. Era la mayor y abandon\xf3 el mundo la \xfaltima, como si obstinadamente quisiera cerciorarse, asegurarse, de que al final todo ser\xeda como tuvo que ser, como a ella le hubiese gustado, como su querido Cr\xedspulo so\xf1\xf3. Y as\xed, celebr\xf3 la tan esperada muerte del viejo dictador. Muerte que necesariamente deber\xeda llevar aparejada tambi\xe9n la muerte pol\xedtica de su R\xe9gimen que durante tantos a\xf1os conden\xf3 al pa\xeds a un destino injusto e inmerecido () Un R\xe9gimen construido con la argamasa del odio y de la venganza, instrumentalizado desde la represi\xf3n y el terror\xbb.La Teodora de la que nos habla el autor es testigo y protagonista de un siglo convulso que para ella y su familia su marido, sus hermanos, sus hijos ser\xeda un tiempo de sufrimiento y de dolor y, a la vez, de rebeld\xeda, de renuncia y de compromiso. Ella es la mujer fuerte y fr\xe1gil que supo siempre perdonar y en cuya vida se condensa la gesta de valor y de entereza de quienes acompa\xf1aron la de tantos y tantas que no se resignaron a vivir sin libertad y con miedo, la de quienes abrazaron la causa de la dignidad y la emancipaci\xf3n.Olvido y perd\xf3n no son necesariamente inseparables. Nunca lo fueron. Es m\xe1s, hasta puede que para que el perd\xf3n surta efecto sea precisa la pervivencia y la persistencia de la memoria: \xbfqu\xe9 valor, si no, tendr\xeda aquel? Y este libro trata justamente de la herencia f\xe9rtil que nos legaron quienes hicieron de su memoria no un ejercicio est\xe9ril de rencor sino una escuela de vida donde poner en pr\xe1ctica los valores esenciales de la justicia, la verdad y la reconciliaci\xf3n.No es este un libro para la tristeza, por m\xe1s que en sus p\xe1ginas se puedan leer y hasta sentir las historias m\xe1s tristes. Tampoco es un alegato. Ni un desquite. Ni siquiera un discurso aleccionador, aunque en \xe9l se mantengan de principio a fin el pulso y la tensi\xf3n que reivindican para sus protagonistas la dignidad con que siempre se condujeron y la nobleza de sus afanes.Si durante a\xf1os, demasiados a\xf1os, se nos impuso un tiempo de silencio, Javier ha querido romper el suyo para contarnos qu\xe9 y qui\xe9nes fueron los suyos. Observador atento y aplicado, lo hace con una prosa limpia, elegante, que sabe entreverar de adjetivos precisos, coloristas a menudo, cuando el decir lo requiere. A veces alzando incluso el vuelo hacia resonancias de un clasicismo castellano que no s\xe9 si achacar a sus lecturas o al magisterio de un lenguaje el de su abuela, el de su madre no aprendido en otras aulas que las de la agudeza del ingenio y las ansias inmensas por aprender.'