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b'Rosa Elena estaba sentada en el borde de un bote ju-gueteando con la arena blanca que ten\xeda bajo sus pies. De vez en cuando alzaba la cabeza y dirig\xeda la mirada hacia una bandada de gaviotas que volaban sobre las azules aguas del mar. En su rostro se notaba el disgus-to por la espera prolongada. Se ve\xeda fastidiada. Gir\xf3 el cuerpo y me mir\xf3 cuando me encontraba a unos diez metros de donde ella estaba. En el instante, unos mu-chachos pasaron frente a nosotros en una peque\xf1a lancha invitando a pasear por solo dos pesos. Mien-tras, por la avenida iba cruzando el se\xf1or Sixto Carva-jalino, el primer carretillero que hab\xeda tenido el pue-blo, cargando unos bultos de coco y haciendo crujirel eje que sosten\xeda la rueda de su vieja carreta. Yo lo se-gu\xed con la mirada hasta cuando dobl\xf3 por la esquina siguiente.'
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