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b'Qu\xe9 se puede decir sobre una escritora que es capaz de amar y maltratar as\xed, a un mismo tiempo, a sus personajes, que los cuida, los mima, los desecha y los humilla, con ternura y con descaro. Y qu\xe9 elenco de personajes: una mujer triste que anhela ser como Florence Lawrence, un herrero pose\xeddo por el esp\xedritu de Ted Bundy, hombres pez, suicidas sastre, monjas manat\xedes, ni\xf1as gordas sin hambre, maridos planta de interior, amantes de la literatura que no entienden las vulgares rutinas de los astros, psic\xf3patas enamorados, ni\xf1os perturbados por los misterios de la teolog\xeda, zagalas que comen flores, cojos que compiten en el Tour, ovejas garcilasianas, cosmonautas heterocr\xf3micos, poetas en horas bajas, babosas ap\xe1ticas y caracoles vocalistas de orquestas ambulantes, quijotescos repartidores de gaseosa, padres que arden por combusti\xf3n espont\xe1nea y hu\xe9rfanos que se traicionan entre s\xed, enamorados malheridos a los que no salva el blues ni el rock and roll, ni\xf1as que intentan sobrevivir en las ruinas de un hogar. Pero, en el vasto y m\xe1gico territorio de las tierras manchegas de la autora, en esa llanura imprevisible, tambi\xe9n podr\xedan ser cualquier otra cosa, por qu\xe9 no. Podr\xedan ser monjas suicidas, gaseoseros en horas bajas, quijotes garcilasianos, roqueros que comen ni\xf1as, o borregos sin hambre que comen plantas de interior con apat\xeda. Porque la imaginaci\xf3n de Rosa no tiene l\xedmites.'