Nicomedes Méndez, el verdugo de Barcelona | Salvador García Jiménez
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Salvador García Jiménez
Nicomedes Méndez, el verdugo de Barcelona
Editorial Alrevés

Libro disponible en 5 dias hábiles.

Páginas: 460
Precio: 1495.0
Estado: Nuevo
Peso: 0.656 kgs.
ISBN: 978-84-19615-48-0

Nicomedes Méndez nació en 1842 y fue el verdugo titular de...

  • Nombre: Nicomedes Méndez, el verdugo de Barcelona | Salvador García Jiménez
  • Editorial: Editorial Alrevés
  • Ttipo: Book
  • Publicado: 2024 / 10 / 23
  • Código: 978-84-19615-48-0

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Nicomedes Méndez, el verdugo de Barcelona | Salvador García Jiménez
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Salvador García Jiménez
Nicomedes Méndez, el verdugo de Barcelona
Editorial Alrevés

Libro disponible en 5 dias hábiles.

Páginas: 460
Precio: 1495.0
Estado: Nuevo
Peso: 0.656 kgs.
ISBN: 978-84-19615-48-0

Nicomedes Méndez nació en 1842 y fue el verdugo titular de la Audiencia de Barcelona entre 1877 y 1908, se calcula que ejecutó a alrededor de ochenta personas y hay declaraciones, testimonios y constancia documental de que ejercía su oficio con orgullo, a tal punto de que se preocupaba no solo de mantener sus «útiles de trabajo» en perfecto estado, sino que incluso se preciaba de haber mejorado su principal herramienta de trabajo, el garrote vil, introduciendo una mejora (un punzón que perforaba el bulbo raquídeo) con el fin de acortar la agonía de los ajusticiados.En este ensayo adictivo, Salvador García, con su prosa precisa y su insaciable afán investigador, nos presenta la curiosa, intensa e incluso dramática vida de uno de los personajes más famosos de la Barcelona decimonónica, Nicomedes, verdugo de Barcelona, creador del «garrote catalán», un hombre afable y pulcro que sirvió de inspiración al mismísimo Vicente Blasco Ibáñez y fue retratado en plena faena por Ramón Casas. También nos muestra, con un modo de narrar adictivo y veraz, que otorga a sus descripciones realidad y carnalidad, el modo de vida de una ciudad que vital, cruda y bulliciosa y un tiempo no tan lejano, no tan ajeno, en el que el crimen estaba a la orden del día y los criminales eran convertidos por la prensa en personajes populares, famosos y hasta aclamados, que atraían a las masas para presenciar en vivo no su triunfo, sino la gloria de su ejecución.