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b'"Un poco en todos los tiempos, pero en la \xe9poca actual cada vez m\xe1s interesa el proceso penal a la opini\xf3n p\xfablica. Los diarios ocupan una buena parte de sus p\xe1ginas con la cr\xf3nica de los delitos y los procesos. Quien los lee, tiene incluso la impresi\xf3n de que, en este mundo, se produzcan muchos m\xe1s delitos que buenas acciones. Lo que ocurre es que los delitos se asemejan a las amapolas, que cuando hay una en un campo, todos se dan cuenta de ella; y las buenas acciones se ocultan, como las violetas, entre la yerba del prado. Si los diarios se ocupan con tanta asiduidad de los delitos y de los procesos penales, es porque la gente se interesa mucho por ellos; sobre los procesos penales llamados c\xe9lebres, se lanza \xe1vidamente la curiosidad del p\xfablico. Y es tambi\xe9n esta una forma de diversi\xf3n; se evade de la propia vida ocup\xe1ndose de la vida de los dem\xe1s; y la ocupaci\xf3n no es nunca tan intensa como cuando la vida de los dem\xe1s asume el aspecto del drama. Lo malo es que se asiste al proceso de la misma manera en que se goza del espect\xe1culo en el cinemat\xf3grafo, el cual, por lo dem\xe1s, finge con mucha frecuencia tanto el delito como el correspondiente proceso. Pero puesto que la actitud del p\xfablico respecto de los protagonistas del drama penal es la misma que ten\xeda en un tiempo la multitud frente a los gladiadores que combat\xedan en el circo, y tiene todav\xeda, en ciertos pa\xedses del mundo, frente a las corridas de toros, el proceso penal no es, desgraciadamente, otra cosa que una escuela de incivilidad".'