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b'Desde su juventud, en la d\xe9cada de los treinta, Delhy Tejero fue consignando los avatares de su vida en una catarata alborotada y abierta de anotaciones, un hoy continuo que origina una escritura desgarrada, llena de brechas y de interferencias como pistas cruzadas sin orden entre s\xed, tal como un alzado continuo de primeros cimientos cuyo destino no fue nunca rebasar la natural pureza de lo ef\xedmero, pues en el inter\xe9s de la pintora toresana no estuvo trazar un relato retrospectivo de su vida bajo el ala de una escritura educada y compacta.Su incapacidad para el orden discursivo y la joyer\xeda verbal eran precisamente la mejor garant\xeda de que el lenguaje no iba a ser subterfugio de nada. Y la mujer que sab\xeda manejar la luz y el color en sus cuadros hasta dejar a ojos vista en su pintura pura delicadeza que lavaba a los espectadores la mirada, oscurecida por el mundo, no era capaz de hab\xe9rselas con la lumbre de las palabras, por las que se dejaba atropellar seg\xfan sal\xedan con bramido animal desde los magmas crudos del pensamiento.'
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