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b'Caminando o sentado, enganchado casi siempre al anzuelo de lo que provoca la digresi\xf3n, fui tirando de las cerezas de mi biblioteca ambulante, porque uno es, en buena medida, la memoria de lo que ha le\xeddo. Por eso me identifiqu\xe9 tanto con Italo Calvino cuando le\xed en su Ermita\xf1o en Par\xeds que esta es una ciudad para la madurez [], una gigantesca obra de consulta, una ciudad que se consulta como una enciclopedia; se abre una p\xe1gina y te da toda una serie de informaciones de una riqueza como ninguna otra ciudad. Con esa convicci\xf3n en la cabeza andante los libros, recientes o a\xf1osos, iban saliendo a mi encuentro, convocados por detalles urbanos, frases, gestos, rostros, por todo aquello que, en el consciente y en el inconsciente de un letraherido, consigue acomodarle y arroparle de nuevo entre las p\xe1ginas de un libro. Al paseante de Par\xeds se le ocurri\xf3, mientras escuchaba las piedras de sus calles y monumentos, mientras observaba caras de hoy y de ayer, parado ante rincones evocadores, hacer un peque\xf1o inventario de algunos libros le\xeddos y meditados. Quiz\xe1, sencillamente, porque en ese instante de aquel 23 de abril cay\xf3 en la cuenta de que en Espa\xf1a se estaba conmemorando el D\xeda del Libro. Antonio \xc1lvarez De La Rosa Una tierna malignidad de penetraci\xf3n anal\xedtica es el sazonado rasgo desde el que Antonio \xc1lvarez de la Rosa acomete este conjunto de reflexiones literarias, en la convicci\xf3n de atizar uno de aquellos incandescentes flechazos que Baudelaire lanzaba a los endormidos: \xabla imaginaci\xf3n es la m\xe1s cient\xedfica de las facultades\xbb. Nivaria Tejera'