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b'De las cuatro acepciones que de la palabra LABERINTO nos ofrece el diccionario de la Real Academia Espa\xf1ola de la Lengua, la primera es la que nos interesa en este caso: Lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas para confundir a quien se adentre en \xe9l, de modo que no pueda acertar con la salida.Nos interesa, pero no nos vincula del todo. Nos interesa porque en este poemario el poeta nos enfrenta al laberinto de las calles de la ciudad, de la vida cotidiana; pero no nos vincula del todo porque en este laberinto nos sobra el verbo confundir. Aunque es bien conocido el gusto de la poes\xeda por lo retorcido, el hip\xe9rbaton, el calambur, el ox\xedmoron recursos todos ellos conducentes a hacer m\xe1s enrevesado el laberinto po\xe9tico, el poeta no nos quiere confundir porque nos muestra la calle tal cual es, sin artificios, si afeites que le embellezcan la cara. La calle es, para Juan Lorenzo, una obsesi\xf3n en este poemario. La calle y sus habitantes, que tambi\xe9n somos laberintos en nosotros mismos. De eso va este poemario, de nosotros mismos.Por eso, porque va de nosotros mismos, la poes\xeda no confunde, no impide al lector encontrar la salida. Antes al contrario, abre puertas, muestra caminos. Ese es su trabajo. El del lector que no olvidemos que es tambi\xe9n re-creador de la obra- es decidir qu\xe9 puerta traspasa, qu\xe9 camino quiere transitar, a d\xf3nde quiere llegar.'
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