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b'Mi experiencia religiosa comienza, a lo que recuerdo, con las inolvidables y frecuentes funciones de culto cat\xf3lico en la sombr\xeda iglesia parroquial. Desde que tuve uso de raz\xf3n mi padre -cat\xf3lico sincero y ferviente- se preocup\xf3 de llevarme a cumplir con el rito dominical. Pero lo que m\xe1s grabado qued\xf3 en mi conciencia infantil fueron las grandes escenificaciones del ciclo lit\xfargico: Navidad, Semana Santa, Corpus Christi. En esto de la escenificaci\xf3n pocos rivales tendr\xe1 la Iglesia cat\xf3lica. Con el paso de los siglos ha sabido seducir con atractivo sensorial de primera calidad. Los cinco sentidos resultan sacudidos por la emoci\xf3n. La vista, con la estudiada liturgia de las ceremonias teatrales escenificadas en el templo. El olfato, con el penetrante olor del incienso. El o\xeddo, con la maravillosa creaci\xf3n de la m\xfasica sacra. El tacto, con el roce mon\xf3tono y subyugante de las cuentas del rosario. El gusto, con el inefable contacto f\xedsico y m\xedstico a la vez de la hostia consagrada. Todo lo experiment\xe9 y de todo guardo imagen indeleble en mi memoria.'
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