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b'Pocos son los edificios que en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX produjeron en los habitantes de Guadalajara un doble sentimiento de orgullo y temor, como lo represent\xf3 la Penitenciar\xeda Estatal de Jalisco, nombrada inicialmente como C\xe1rcel correccional, aunque tambi\xe9n le llamaron la Penitenciar\xeda de Guadalajara, o la Escobedo (por el apellido de su fundador).La edificaci\xf3n de la Penitenciar\xeda de Escobedo form\xf3 parte del inter\xe9s del estado de modernizar los sistemas punitivos. Su prop\xf3sito fundamental fue eliminar el suplicio, sustituy\xe9ndolo por el castigo del encierro, Antonio Escobedo, gobernador de Jalisco, autoriz\xf3 en 1844 su construcci\xf3n, a\xfan sabiendo el sacrificio econ\xf3mico que eso significaba.La magnificencia del edificio, que ocup\xf3 una superficie de m\xe1s de 60 mil\xa0m\xb2 -clara influencia de la escuela cl\xe1sica, con una fachada de tipo d\xf3rico, coronada en lo alto por un reloj-, fue cercenada por el crecimiento de Guadalajara y los deseos de modernizaci\xf3n de los pol\xedticos en turno.Con la desaparici\xf3n de la Penitenciar\xeda de Escobedo, en los a\xf1os veinte, la ciudad sufrir\xeda otros golpes que provocaron el menoscabo de distintos e importantes edificios del patrimonio hist\xf3rico y cultural de la capital jalisciense.'
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