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b'En gran parte de un pa\xeds no lejano, en concreto a lo largo y ancho de las llanuras del norte, a\xfan resuenan los ecos de la historia o leyenda de la colina de La Cumbre, de lo sucedido en la mansi\xf3n levantada tras la barrera de un bosque de centenarias encinas. En esa historia o leyenda se narra de qu\xe9 forma el llamado el ciego Almar, el \xfaltimo de los se\xf1ores que hab\xedan gobernado el valle durante siglos, rechaz\xf3 lo que sus manos le advert\xedan d\xeda tras d\xeda, mes tras mes, a\xf1o tras a\xf1o. Y lo hizo apoyado en los silencios de su esposa y la lealtad de la servidumbre, siempre ignorando las veladas advertencias del ama que atend\xeda y educaba a su hijo, veladas advertencias ante el temor de verse separada del ni\xf1o.Creci\xf3 este al amparo de la joven so\xf1ando futuros, siendo querido por su car\xe1cter y admirado por su inteligencia, y lo hizo recluido en la mansi\xf3n, en sus jardines y en sus bosques, lejos de las miradas de los habitantes del valle, ignorando las historias, bien o mal intencionadas,que sobre \xe9l corr\xedan, historias que acabaron escribiendo su destino.Fue necesario que llegara desde la capital el famoso retratista y tuvo que celebrarse una fiesta de cumplea\xf1os, la primera con los ni\xf1os del valle como invitados, para que su padre, el ciego Almar, comprendiera. Fue entonces cuando comprender y aceptar se mostraron como enemigos irreconciliables. El resto pertenece a otra de esas historias predecibles con las que convivimos constantemente sin apenas prestarles una atenci\xf3n pasajera, o simplemente ignor\xe1ndolas. Y es que suponemos que no nos afectan.La ceguera de Almar busca reflejar c\xf3mo la siempre cambiante relaci\xf3n entre la realidad y los sue\xf1os, o la llamada verdad y algo tan vol\xe1til como la fantas\xeda, llega a condicionar pasados, presentes y, muy en especial, futuros. Sea cre\xe1ndolos o destruy\xe9ndolos.'