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b'El confinamiento no es responsable de esta novela, la lluvia s\xed.Acurrucada en un sof\xe1, Marina ve lo que en las teles se cuenta del bicho chino. Con m\xe1s miedo que fr\xedo, su grupo de wasap se dinamiza con los comentarios sobre el \xfanico tema posible. Las ma\xf1anas trabajando en un centro de salud hacen las tardes \xe1speras. La lluvia es pertinaz en la primera semana de confinamiento, sin embargo los perros tienen derecho a ser paseados.Desde el primer d\xeda, las salidas solo duraron el tiempo justo para el alivio perruno. No hab\xeda nada. No hab\xeda nadie, as\xed que el ordenador, una idea peregrina que fue desarroll\xe1ndose casi espont\xe1neamente y la lluvia interminable gestaron esta novela de soledad y de sociedad.La muerte de un amigo, los gritos amargos de un anciano anta\xf1o famoso, una fiesta orgi\xe1stica, los maltratos dom\xe9sticos, las artes adivinatorias, el testamento de un hombre bueno, las relaciones humanas y una implacable introspecci\xf3n son los ejes desde los que se hace una revisi\xf3n de nuestras costumbres que, quiz\xe1s, dejar\xe1n de serlo para siempre.Pero no, no es una novela de desgracias, ni siquiera es triste porque est\xe1 conjugada con un sentido del humor que arranca alguna carcajada en una lectura plena de sonrisas entre varias sendas de l\xe1grimas, dolor, audacia y rebeli\xf3n.En definitiva, es la vida y la sorpresa. Y la muerte, peculiar vida.'
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