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b'El quehacer de la educaci\xf3n pensada en un \xabpara todos\xbb es un rasgo distintivo de las instituciones educativas; su proyecto (el de la escuela) implica que, en medio de las diferencias constitutivas, todos se vean implicados de alguna manera en algo que les sea com\xfan, que favorezca el formar parte de algo, de un colectivo. Esto no exime de tratar con la singularidad de los estudiantes. La diferencia, como aquello que infringe lo regulado, afortunadamente, distrae a los profesionales de la norma establecida, siempre para inquietar las miradas y, algunas veces, para favorecer interrogantes que movilizan al trabajo.La labor de la escuela, y en ella la de los maestros, no es cl\xednica o terap\xe9utica: el trabajo del educador es pedag\xf3gico, aunque a veces, ante la ausencia o imposibilidad de tales figuras, se requiera \xabimprovisar\xbb. El apoyo de los profesionales, desde sus propios saberes, y centrado en el ni\xf1o, es decisivo. Como dice Lizbeth Ahumada, se requiere ser \xabd\xf3cil al padecimiento humano\xbb. No hay norma que pueda hospedar una respuesta satisfactoria para todos. Se necesita un trabajo en que cada ni\xf1o se encuentre, y ojal\xe1 con la posibilidad de vivir con otros, a la manera en que la singularidad de cada uno pueda hacerlo. El trabajo tienta a la normalizaci\xf3n y ese parece ser un favor para la escuela, pero cuando se piensa en el ni\xf1o, en el joven, la respuesta puede ser otra, variada, incluso la de que la escuela, la educaci\xf3n para todos deseada, no sea la mejor respuesta.'