Tu carrito esta vacio.
Libro disponible en 5 dias hábiles.
b'Francisco Franco Bahamonde, el General\xedsimo, el Caudillo, el dictador: nunca fue mas\xf3n, pero estaba enfermizamente obsesionado con la masoner\xeda y los masones. De hecho, fue el \xfanico Jefe de Estado que firm\xf3 una ley implacable para la persecuci\xf3n de los masones. Reci\xe9n acabada la guerra civil y durante toda su vida repiti\xf3 insistentemente en numerosos discursos y en m\xe1s de un centenar de art\xedculos -curiosamente firmados con distintos seud\xf3nimos- que hab\xeda que estar en guardia contra las acechanzas de un extra\xf1o contubernio judeo-mas\xf3nico-comunista, basado fundamentalmente en rancias, pero muy eficaces teor\xedas conspiratorias.En Espa\xf1a prevalece todav\xeda la visi\xf3n m\xe1s oscura de la masoner\xeda, como la de un ente secreto, sat\xe1nico e infernal, causante de todos los males. Esta visi\xf3n estaba tan arraigada en la mente de muchos espa\xf1oles -y probablemente a\xfan lo est\xe9- que por eso los masones tuvieron que esperar unos cuantos a\xf1os despu\xe9s del fallecimiento de Franco para poder regresar del exilio. Y algo que tambi\xe9n parece muy significativo: la masoner\xeda no fue legalizada hasta dos a\xf1os despu\xe9s que el Partido Comunista de Espa\xf1a (PCE). Franco, no pod\xeda dormir tranquilo porque estaba convencido de que la masoner\xeda es un terrible enemigo que no se rinde jam\xe1s. Esa era la peor de sus pesadillas.'
I agree to the terms of service