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b'Los ni\xf1os reciben, sin posibilidad de defensa, lo que los adultos decidimos para ellos. La educaci\xf3n escolar muestra certezas y falencias. Certezas obligadas, promovidas y justificadas en nuestra responsabilidad social para con la infancia, y falencias que no sabemos c\xf3mo resolver. Entonces, cuando nuestro proyecto de infancia no resulta lo esperado, nuestra infancia fracasa: hiperactividad, d\xe9ficit de atenci\xf3n, retraso madurativo, dificultades de lenguaje, trastorno del espectro autista, necesidades educativas especiales, etc. \xc9l o ella, ni\xf1os, como una imagen en el espejo, nos devuelven nuestro aislamiento, nuestra dificultad. Se establece una tensi\xf3n tan dif\xedcil de sostener, y a la vez tan improductiva, que ya no nos permite pensar para salir. Parece que se buscara que la travesura infantil (hoy llamada hiperactividad) pase por un per\xedodo en que el ni\xf1o se convierta en "paciente" porque no podemos tolerar la impaciencia de encontrarnos con el misterio que cada uno representa como sujeto particular. En esta obra la ternura aparece como simiente de todas las acciones preventivas posibles. Estamos convencidos que cada uno de nosotros es el resultado del sost\xe9n recibido a cada paso, desde siempre y hasta ahora, y de ese modo aprendemos a ser el sost\xe9n de otros a quienes nos toca conocer. Cadena interminable de existencia a la que nunca tenemos un \xfanico lugar porque al mismo tiempo necesitamos y damos, recibimos y ofrecemos.'