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b'Queda fuera de lugar poner en duda la carga er\xf3tica de Felipe II, aun cuando la historiograf\xeda ha pasado de puntillas a prop\xf3sito de los \xabcontenidos sentimentales\xbb del Rey Prudente. Desde luego, reducir la pol\xedtica al \xfanico quehacer felipista es ocultar la faceta del hombre y sus condicionantes m\xe1s inmediatos. \xbfNo es un error descuidar el \xabsoberanismo pasional\xbb de Felipe II? Por tanto, \xbfqu\xe9 significaron las mujeres para \xe9l? Sus esposas, sus hijas, sus amantes.Su pulsi\xf3n sexual result\xf3 evidente, y queda por dilucidar si se comport\xf3 desde un androcentrismo sin fisuras. Fue un monarca con muchos secretos y el universo femenino su \xabaritm\xe9tica personal\xbb m\xe1s comprometida. Naturalmente, hay que interpretar todas sus actitudes sentimentales de acuerdo con los conceptos de la sexualidad del siglo XVI, donde la menstruaci\xf3n, por ejemplo, estaba contemplada con matices que hoy consideramos como inaceptables. Las relaciones sexuales, el territorio del orgasmo, la consanguinidad, la concertaci\xf3n de los matrimonios y la posici\xf3n de las amantes son condicionantes susceptibles de ser contextualizados seg\xfan la \xe9poca, y no caer en el desacierto de interpretarlos \xfanicamente con juicios actuales. En el siglo XVI el debate feminismo-machismo no exist\xeda, puesto que la preeminencia del var\xf3n lo abarcaba todo.'
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