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b'Mi padre, el poeta cubano Eliseo Diego, vivi\xf3 los primeros nueve a\xf1os de su vida en una casa con un jard\xedn muy lindo. Esta casa, Villa Berta, se encontraba en un pueblecito en las afueras de la ciudad de La Habana, en Arroyo Naranjo, y era propiedad de sus padres, el asturiano Constante de Diego Gonz\xe1lez y la habanera Berta Fern\xe1ndez-Cuervo y Giberga. Con la crisis econ\xf3mica y financiera de 1929 mi abuelo, que era el due\xf1o de una peque\xf1a joyer\xeda y muebler\xeda, La Casa Borbolla, quebr\xf3 y tuvieron que irse a la ciudad y alquilar la finca. Mi madre, Bella Garc\xeda-Marruz, quer\xeda que sus hijos crecieran en ese jard\xedn donde mi padre hab\xeda sido tan feliz. En 1953 regresamos a Villa Berta, y all\xed vivimos desde muy chiquitos hasta 1968, fecha en que tuvimos que dejar la finca, ya definitivamente. Los domingos se reun\xeda toda la familia, iban los primos. Tambi\xe9n visitaban amigos de la familia, muchos eran escritores, como mi padre y mis t\xedos, Cintio Vitier y Fina Garc\xeda Marruz. Algunos de los integrantes de lo que en Cuba se conoci\xf3 como el Grupo Or\xedgenes se reun\xedan en encuentros dominicales inolvidables.\nFue alrededor de 1991 que comenc\xe9 a escribir estos recuerdos, con mucho temor, pues nunca antes hab\xeda escrito nada. Pero yo sent\xeda que el libro ya estaba escrito, era como un rumor que yo ten\xeda en mi cabeza, un rumor que me acompa\xf1aba, que habitaba ah\xed, era un poco como el rumor del mar, cuando est\xe1 tranquilo, un rumor de palabras. Y decid\xed llevar esos recuerdos al papel, con la mayor transparencia posible, para guardar y proteger ese mundo familiar, los juegos, las fiestas, las navidades, como si al escribirlos pudiera preservar para siempre aquellos momentos tan queridos para m\xed.Josefina de Diego'