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b'As\xed habla el padre Sa\xfal Zeler, a quien le ofrecen ser director del colegio San Gilles de Rais. Lo acepta, sin quererlo, porque se lo \xabsugirieron\xbb. Sabe que no est\xe1 a la altura y se recrimina. No porque ah\xed se malversen fondos o porque los profesores cobren coimas para aprobar a sus alumnos, los empleados sean unos degenerados y los estudiantes, unos insolentes. Su despecho estriba en no ser consecuente. De ah\xed su tragedia. De ah\xed su hast\xedo.Esta s\xe1tira oscura, narrada con sencillez, humor y ternura, repara en seres metidos en trances similares con la salvedad de que ellos s\xed act\xfaan de acuerdo a su moral: como Paz, siempre bondadosa con los perdidos; el maestro OSWALDO, quien a base de sobornos y chantajes consolida su posici\xf3n laboral; o el extra\xf1o personaje que emigra, a pesar de los desenga\xf1os que sufre. Otros se consagran al resentimiento que se sustrae de su marasmo espiritual, personificado, en este caso, en la figura del padre Cap\xf3n, fundador del instituto. Otros no tienen opci\xf3n ni de pensar, y por eso son tratados a la patada, como al col\xe9rico e hilarante Piloso, el asistente de mantenimiento.A vista de p\xe1jaro, sin por ello dejar de ser incisivo, Silcaza nos presenta una trama en donde los personajes tendr\xe1n que evitar \xabque les pasen por encima\xbb.Y mientras caen o suben, se quedan o se van, estos derrelictos que pululan el San Gilles, confusos y asustados, buscan apoyo en la solidaridad para no caer en abismos. Quiz\xe1 la \xfanica salvaci\xf3n mientras se espera el porvenir.'