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El segundo volumen de las memorias del autor se centra en el período de su vida que se abrió con su desplazamiento a Granada, que desde entonces se ha convertido en la ciudad en la que reside. No es poca cosa cambiar lo que ha sido la gestión de la vida personal en un entorno conocido desde la cuna, a la compleja vida urbana de una ciudad de las características, la tradición y la historia que caracterizan a Granada. El autor lleva al lector, con su original enfoque narrativo en el que lo acompaña como si fuera un observador de sí mismo, por los diferentes espacios y tiempos que se han ido sucediendo desde que se produjo su traslado. En sus palabras quedan expresadas, con hondura y reflexión serena, las dificultades de la adaptación de su vida y la de su familia, que no fueron pocas ni fáciles de solventar. Ya aquí destaca una de las características más notables de la personalidad del autor: su firme ánimo para afrontar lo que la vida le va trayendo, sin detraer lo más mínimo de su carácter bondadoso y alegre.Felipe se expresa en sus palabras con el corazón en la mano, de una forma sencilla y abierta a la vida, mostrando que es mucha la sabiduría que atesora, y que, aquí y allá, va destilando en la narración de su lucha por salir adelante en un entorno nuevo, en el que, por lo tanto, todo estaba por hacer. El lector puede seguir con interés y aprendizaje un devenir en la vida, el del autor, que debería constituir principio de reflexión y acción para los seres humanos en general, más en estos tiempos de indudable confusión en las sociedades que nos hemos dado. Luchar por lo que uno quiere, aceptando, sin embargo, lo que va viniendo es una enseñanza que Felipe va mostrando con los hechos que nos narra. El autor se expresa desde la humildad y la generosidad que esos mismos hechos evidencian y desde las relaciones personales de las que, con unos y otros granadinos de muy diferente condición, va dejando constancia. El autor reflexiona serenamente. Nos enseña la profundidad de su mirada, los recuerdos de su vida, las referencias que va obteniendo de lo que le ocurre y como va solventando sus problemas desde esa fuerza que le dan sus valores y su bonhomía. Pero Granada no podía ser solo el marco urbano de esta nueva vida. Granada es demasiada ciudad como para que un hombre sensible como Felipe no recoja en su narración lo que su historia y su belleza le aportan. El relato va incorporando los paseos que el autor hace por la ciudad. No es una guía de la misma. No es esa su intención. Felipe pasea por calles y plazas, observando los monumentos y las trazas de la historia, expresando lo que cada detalle urbano le sugiere, las sensaciones que le provoca, las gentes que se encuentra y sus diálogos con ellas, e incluso las ensoñaciones que se van presentando en la observación de lo que le rodea. Granada y el autor, en todas las facetas de la relación que la ciudad y el autor han tenido en estos años quedan reflejados en estas páginas, en las que la belleza, la bondad y el buen ánimo constituyen los cimientos de esta emotiva narración.