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b'\xabLa Hispanidad no habita una tierra, sino muchas y muy diversas. La variedad del territorio peninsular, con ser tan grande, es unidad si se compara con la del que habitan los pueblos hisp\xe1nicos. Magallanes, al Sur de Chile, hace pensar en el Norte de la Escandinavia. Algo m\xe1s al Norte, el Sur de la Patagonia argentina, tiene clima siberiano. El hombre que en esas tierras se produce no puede parecerse al de Guayaquil, Veracruz o las Antillas, ni \xe9ste al de las altiplanicies andinas, ni \xe9ste al de las selvas paraguayas o brasile\xf1as. Los climas de la Hispanidad son los de todo el mundo. Y esta falta de caracter\xedsticas geogr\xe1ficas y etnogr\xe1ficas, no deja de ser uno de los m\xe1s decisivos caracteres de la Hispanidad. Por lo menos es posible afirmar, desde luego, que la Hispanidad no es ning\xfan producto natural, y que su esp\xedritu no es el de una tierra, ni el de una raza determinada.\xbb'
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