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b'Probablemente no hay violencia que, por m\xe1s vista o presenciada, por m\xe1s que \xabsolo puede ser buscada en el reino de los medios y no en el de los fines\xbb, no represente una dificultad a la hora de preguntar por su racionalidad. Cr\xedtica de la crueldad se sit\xfaa en una categor\xeda l\xedmite a la luz de esto: cuando el exceso de violencia invierte su propia l\xf3gica. As\xed, in\xfatil y gratuita, la crueldad es un t\xe9rmino inc\xf3modo respecto de c\xf3mo juzgarlo y entenderlo, sea en el marco de la soberan\xeda o en la sociedad civil. Como crimen por placer que no responde a una causa comprensible, permanece impensada respecto de su fundamento, l\xedmite y raz\xf3n. Serge Margel aborda este problema y lo hace a partir de las l\xf3gicas ps\xedquicas de la crueldad y su relaci\xf3n con el poder soberano: una relaci\xf3n atravesada por la denegaci\xf3n que, al tiempo que resguarda la peculiaridad de dicha violencia desmedida, consolida la preservaci\xf3n de la soberan\xeda; una soberan\xeda que, al depender de la crueldad, se conforma en sus propios l\xedmites discursivos. Negar la crueldad no es solo fundamental para la coherencia pol\xedtica del ejercicio de la violencia, sino tambi\xe9n para la linealidad hist\xf3rica que la reviste de sentido. Por esta raz\xf3n, discutir c\xf3mo las l\xf3gicas de la crueldad terminan por renegar y falsificar la escritura de la historia, y qu\xe9 implica pensar la historia de la destrucci\xf3n, empezar\xeda entonces por no negar la huella pol\xedtica de la crueldad.'