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b'No es este un relato de guerra, aunque sean las guerras las que trazaron el destino de Pilar Rius, tampoco es estrictamente un relato autobiogr\xe1fico, aunque est\xe9 escrito en primera persona, tampoco es una novela, aunque tenga elementos de ficci\xf3n. Estas p\xe1ginas son un c\xfamulo de emociones: llanto por una infancia truncada, por la abuela y por el c\xe1lido entorno familiar, felicidad explosiva en el amor, la emoci\xf3n, por otra parte llena de dudas, de la maternidad, la satisfacci\xf3n de una exitosa carrera acad\xe9mica, el dolor por el desamor materno y la alegr\xeda, sobre todo, la alegr\xeda, por la presencia de pap\xe1, por los primos, por el colegio. El desconsuelo y la rabia por la Espa\xf1a secuestrada por el fascismo, por los que se quedaron a sufrir persecuci\xf3n y humillaciones. La desaz\xf3n por el patriarcado que ensombreci\xf3 su felicidad dom\xe9stica, la delicia del trato con sus hijos, el miedo de no estar a la altura de las expectativas de los dem\xe1s. La culpa, esa maldici\xf3n que construyeron los que quer\xedan esclavizar y que, a pesar de la educaci\xf3n liberal de sus padres, se manifestaba con frecuencia en el seno familiar. Relatada con autenticidad y humor; desnuda, entra\xf1able, la rese\xf1a de tantas batallas ganadas y perdidas es un testimonio de p\xe9rdida y sufrimiento, pero tambi\xe9n de gratitud por la solidaridad y grandeza humana de su segunda patria, y de esperanza en que lo mejor est\xe1 por venir.Pilar Rius. Entre los ni\xf1os forzados a abandonar sus familias para escapar del infierno de la Guerra Civil yo fui afortunada; algunos tuvieron un destino lleno de carencias, en la Rusia Sovi\xe9tica, otros, como los ni\xf1os de Morelia, en M\xe9xico, fueron recibidos con cari\xf1o, alimentados y educados, pero sin sus padres. Los hubo que, incorporados a sus familias de adopci\xf3n, nunca volvieron a sus or\xedgenes, ni menos conocieron a sus padres biol\xf3gicos. Yo sal\xed de Espa\xf1a con mis padres y viv\xed en un Pensionat de Normand\xeda los primeros meses de exilio, despu\xe9s, a pap\xe1 lo comisionaron, en Par\xeds, a una empresa espa\xf1ola que abastec\xeda a la Rep\xfablica. All\xed nos sorprendi\xf3 la II Guerra Mundial y otra vez a hacer las maletas. Al subirnos al Statendam, el barco que nos trasladar\xeda a M\xe9xico siempre con la amenaza de los submarinos alemanes me desped\xed de mi infancia en Taranc\xf3n, de mis abuelos, de mis t\xedos y de mi ni\xf1era Mar\xeda Luisa, de las expediciones a coger uvas, de las tardes con mi abuela Mar\xeda: el piano y a bailar con el t\xedo Pepe que era muy jovencito, las natillas, los disfraces de mamarrachos; adi\xf3s a una infancia feliz y un futuro lleno de promesas. En M\xe9xico, solidario, generoso, fraternal, me esperaba una vida nueva, libre de los horrores de la guerra; en M\xe9xico, mi otra patria, constru\xed una familia y desarroll\xe9 una vocaci\xf3n. En esta hermosa tierra he crecido, me he hecho mujer y ahora, muy anciana, vivo una existencia apacible y suave, como los cantos rodados del r\xedo de mi pueblo manchego.'