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b'\xbfDebemos reprimir nuestro odio contra la imposici\xf3n de vivir una vida que nos tiraniza, aunque escapemos de la condena del trabajo unos d\xedas a las Seychelles? Nosotros, los desadaptados, \xbfno necesitaremos terapias de readaptaci\xf3n para lanzar un gran s\xed a la vida? \xbfNo estaremos enfermos por no ver lo bello de una vida en la que se desangran ni\xf1os en las guerras? Comenzamos aceptando el dolor que nos produce una heridita en la mano y poco a poco nos vamos haciendo resilientes a una existencia atroz. Los mecanismos de defensa de Freud parecen funcionar de tal modo que inconscientemente nos hacen tragar con todo. As\xed, el mecanismo de sublimaci\xf3n nos conmina a ennoblecer hasta lo m\xe1s vil; el de negaci\xf3n nos lleva a ser ciegos al sufrimiento de los millones de perversidades diarias; el de racionalizaci\xf3n nos provee de argumentos estoicos consoladores, est\xfapidos, para defendernos de los frecuentes agravios. En suma, nos acostumbramos a lo que nos echen. El movimiento antinatalista ha irrumpido con fuerza para, al menos, generar un severo debate ante la procreaci\xf3n que se da como natural. La impiedad ante los dogmas es vista como una extravagancia, pero es la \xfanica actitud que nos permite debatir sobre el valor de nacer, incuestionable para la gran mayor\xeda.En cualquier caso, no se puede pretender fomentar la vida fi los\xf3fi ca y, luego, refrenarla mediante la implantaci\xf3n administrada de la docilidad y de la sumisi\xf3n. Mientras estamos vivos, estamos muy vivos y no nos queda otra. Ahora bien, meter en problemas letales a quienes no han nacido, \xbfno es el mayor error?'