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b'En el mundo actual, las palabras que m\xe1s se escuchan en la cotidianeidad tienen un fuerte componente de violencia, de sufrimiento, de locura. Son palabras agresivas, que prometen_x000D_\nvenganza, que quieren propagar el dolor y la muerte. Es inevitable experimentar un escalofr\xedo cuando alguien pronuncia palabras nuevas y ajenas a nuestro vocabulario, como portonazo o turbazo, pero tambi\xe9n hay palabras muy antiguas que est\xe1n de moda, como corrupci\xf3n._x000D_\nTal vez, lo m\xe1s grave sea mancillar el significado de palabras sagradas, como Amor y Libertad, llev\xe1ndolas sin misericordia hacia lugares comunes, sin que importe mucho arrastrarlas por el fango de la vulgaridad._x000D_\nLa poes\xeda no est\xe1 ajena a este fen\xf3meno, desde siempre las palabras han sido usadas en uno u otro sentido por los y las poetas. Desde los poetas m\xedsticos como San Francisco, que expresa: \xabSe\xf1or, haz de mi un instrumento de tu paz\xbb, a los poetas malditos como Baudelaire que invoca al pr\xedncipe de las tinieblas dici\xe9ndole: \xab\xa1Oh, Sat\xe1n, ten piedad de mi larga miseria!\xbb._x000D_\nA trav\xe9s de esta antolog\xeda, las y los poetas hablan del mundo minero, del mineral que sale del pecho humano, como dice Neruda, del eventual padecimiento de las rocas, seg\xfan Gabriela Mistral, del padre minero que regresa a su casa en una noche de tormenta, como expresa Gonzalo Rojas, de los hombres y mujeres que d\xeda a d\xeda construyen con su trabajo nuevas puertas, para que el mineral pueda viajar desde la oscuridad a la luz y parir una y otra vez, la esperanza.'