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b'Despu\xe9s de haber sido el compa\xf1ero inseparable de Alexandre de Humboldt durante su hist\xf3rico viaje a la Am\xe9rica equinoccial (junio 1799-agosto 1804), Aim\xe9 Bonpland, a quien se le conoc\xeda como el Nestor de la Bot\xe1nica, tras su regreso a Francia acepta el puesto de jardinero que le ofrece Josefina de Beauharnais para su residencia de La Malmaison. La muerte s\xfabita y prematura de su protectora le permitir\xe1 realizar sus proyectos de juventud y es as\xed como un buen d\xeda del a\xf1o de gracia de 1816 decide abandonarlo todo y embarcar una vez m\xe1s en direcci\xf3n al Nuevo Mundo. Viaje del que lamentablemente nunca regresar\xe1.Comienza entonces para \xe9l una segunda vida llena de aventuras y de sorpresas en los Estados del R\xedo de la Plata en los cuales no se salv\xf3 de nada: ni de la prisi\xf3n, ni de las injusticias, ni de la violencia de las guerras civiles, ni de la ruina. Cada vez tiene que empezarlo todo de nuevo, con entusiasmo y tenacidad, y a pesar de todas estas pruebas que van marcando su vida, no cesar\xe1 nunca de enviar desde Buenos Aires o desde Montevideo, gran cantidad de cajas con centenares de especies de aves desconocidas en Francia, f\xf3siles y muestras de rocas, de semillas y de osamentas para enriquecer las numerosas colecciones del Museo Nacional de Historia Natural de Par\xeds.Y fue en Santa Ana, a orillas del R\xedo Uruguay, a la sombra de los \xe1rboles seculares que tanto hab\xeda amado, donde viv\xeda feliz entre los nativos, con su esposa e hijos, muy humildemente, cuando le sorprendi\xf3 la muerte a los 75 a\xf1os.'