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b'Aunque ya existen otros libros sobre este mismo tema (uno de ellos escrito en 1946 por Francisco Layna Serrano, y editado tambi\xe9n por Aache en formato de gran lujo) en esta ocasi\xf3n ha querido el autor divulgar esta parcela del patrimonio local de la ciudad de Guadalajara con una publicaci\xf3n de lectura asequible, en la que aparecen los quince conventos que a lo largo de los siglos han puesto a la ciudad en el mapa de las devociones regulares, entre todas las \xf3rdenes religiosas creadas a lo largo de los siglos.Aparecen as\xed conventos, tanto femeninos como masculinos, de franciscanos, clarisas, dominicos, carmelitas, jesuitas, mercedarios. Hasta el m\xe1s reciente (de principios del siglo XX) de la Religiosas Adoratrices que custodian el Pante\xf3n de la Duquesa de Sevillano. De todos ellos, solo tres siguen vivos. El resto son piezas arqueol\xf3gicas de la historia local. Pero de todos ellos aparece una breve referencia doble: historia del instituto, y descripci\xf3n de lo que fue o de lo que queda de su edificio.Insiste Herrera Casado en la revisi\xf3n de los franciscanos, de ese Convento de San Francisco que fue creado por la reina Berenguela en la Baja Edad Media, y que a\xfan hoy es actualidad latiente, por la controversia surgida en torno a su utilizaci\xf3n como elemento de dinamizaci\xf3n cultural de la ciudadan\xeda. Visitables libremente su iglesia y la cripta subterr\xe1neo del pante\xf3n de los Mendoza, el resto contin\xfaa sin apenas utilidad p\xfablica, esperando una restauraci\xf3n que merece, por su importancia hist\xf3rica y por el valor que como elemento de encuentro social podr\xeda tener en un futuro.'