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b'Siempre creciente, siempre menguante, siempre presente como la luna, laMedina de T\xe1nger se moldea bajo el sonido incesante de los cinceles. En larue de la Kasbah, las obras han echado abajo el muro sobre el que estabapintada la Aicha Kandisha y la mitad de los vecinos de la Medina Vieja nose han dado cuenta, pues llevaban a\xf1os evitando mirar la pintura al pasaral lado.Hicham anhela recuperar la chispa rom\xe1ntica que le uni\xf3 a su esposa, Ran-da, pero ella tiene otras cosas en la cabeza y muy poco tiempo para \xe9l.Randa siempre est\xe1 ocupada, fr\xeda e inaccesible para Hicham, quien har\xe1 loque sea por que vuelva a ser la de antes.Nadeen y Morad hacen recados para el comisario Abdellah para ganarseunos d\xedrhams, y los empresarios espa\xf1oles de los que hablaban las noticiastienen a toda la medina murmurando sobre ellos.En el muelle, Abdeslam le dice al marinero que tenga cuidado con la som-bra, y en la cafeter\xeda del control de autos, Siham hace bromas con loshabituales del puerto.T\xe1nger se despereza despacio, asomada al puerto, viendo c\xf3mo se desvane-ce la neblina salada. Como los gatos estir\xe1ndose a c\xe1mara lenta y bostezan-do, como el anciano que tira del carro con hierbabuena. En esta ciudad,todo el mundo sabe que la prisa mata.Bswiya, bswiya.No puede hacerse de otra manera, para poder acostumbrar los ojos a la luzcegadora del Estrecho de Gibraltar.'
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