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b'Concibo todo poemario que sale a luz, por voluntad expresa de quien lo escribe en la intimidad, como el pago de una deuda. Tal vez un ajuste de cuentas que el creador realiza con todos nosotros, con alguien en concreto, o, tal vez, consigo mismo.A veces, caso de la poes\xeda social o de tem\xe1tica manifiestamente expl\xedcita, resulta f\xe1cil determinar los prop\xf3sitos del autor: \xe9ste, responsable de sus palabras, desea alabar, denostar, o, en todo caso, mostrar de manera evidente sus prop\xf3sitos. De ello se deriva la lucidez de la propuesta y, por tanto, lo poco complicado de su ex\xe9gesis para un lector medianamente avezado, lo que conlleva que ese mensaje sea trasladado con frecuencia a soportes ajenos a la escritura, como montajes dram\xe1ticos sobre dichos textos, coplas de cantautores exitosos u otros inventos divulgativos que, sin devaluar los contenidos, admitan la f\xe1cil asimilaci\xf3n de los mismos por una mayor\xeda, no necesariamente lectora.No sucede as\xed con la poes\xeda simbolista, y hasta con toques de indisimulada ra\xedz surrealista contenida en el libro que hoy prologamos, obra perfectamente madura y acabada de Encarnaci\xf3n. Poemario pleno de contenidos enrevesados, aunque no herm\xe9ticos, y de expresiones intimistas que apuntan, con toda la dificultad de la verdadera poes\xeda, a s\xedmbolos personalmente interiorizados por la autora, a una voz po\xe9tica nunca f\xe1cil de dilucidar y que nos obliga a los lectores a realizar un esfuerzo supletorio de atenci\xf3n, y, en ocasiones, como en mi caso, hasta de vigilia, para profundizar en el discurso po\xe9tico sin esas claves evidentes que algunos reclamaron a lo largo de la historia para hacer digerible la dificultad de cualquier propuesta l\xedrica.'