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b'Ya hab\xedan llegado ellos a la amplia sala de estudios, en la que un gusto delicado y severo esmer\xe1base por todas partes en honrar la noble presencia de los libros, fieles compa\xf1eros de Pr\xf3spero. Dominaba en la sala como numen de su ambiente sereno un bronce primoroso que figuraba al Ariel de La Tempestad. Junto a este bronce se sentaba habitualmente el maestro, y por ello le llamaban con el nombre del mago a quien sirve y favorece en el drama el fant\xe1stico personaje que hab\xeda interpretado el escultor. Quiz\xe1 en su ense\xf1anza y su car\xe1cter hab\xeda, para el nombre, una raz\xf3n y un sentido m\xe1s profundos. Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del esp\xedritu. Ariel es el imperio de la raz\xf3n y el sentimiento sobre los bajos est\xedmulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el m\xf3vil alto y desinteresado en la acci\xf3n, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, el t\xe9rmino ideal a que asciende la selecci\xf3n humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calib\xe1n, s\xedmbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida.'
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